Aquel oxidado farolillo,
llevaba,
decenas de años,
adornando la fachada,
de aquella pequeña casa.
Noche tras noche,
el oscilante destello,
de la llama,
que albergaba en sus entrañas,
se reflejaba tímidamente,
en las losetas del suelo.
Allí no habían,
oscuras noches,
porque su luz,
disipaba las sombras,
del camino,
que por delante,
pasaba.
Hoy,
tras largos años,
de quemar aceite,
de tiznar de negro,
sus ranuras,
luce,
una limpia luz,
cálida,
fruto del progreso,
que brilla,
con sólo pulsar,
un botón.
Así de bien,
se conserva,
adornando la fachada,
de aquella pequeña casa.
Así es,
aquel farolillo oxidado.
Gonzalo Bautista, Octubre de 2010.
8 comentarios:
Le das vida, haces que el farolillo parezca un ser al que hay que mimar...me ha encantado duende.
un abrazo
El farolillo siguio viviendo el progreso lo modernizo, la historia es una leyenda que ira pasando de manos duras de callos a manos inocentes que escucharan con atención la vida seguira en la hermosa leyenda de misterios del farolillo como el agua cristalina del rio a su paso, siempre fiel a su cauce.
Un abrazo.
Lo antiguo se renueva
con lo nuevo
y así sigue vivo.
Es la paradoja de la vida.
Un abrazo
Gracias Pluvisca, Merl, MTeresa y Teresa por vuestra visita, por vuestras palabras.
Abrazos cálidos.
Un saludo Gonzalo, es un placer pasar y admirar, te deseo que pases buenas fiestas de Navidad.
Un saludo, Francisco Javier, gracias por tu visita.
Te deseo igualmente unas buenas Navidades.
Un abrazo.
Realmente precioso..Eres un mago..haces que las palabras fluyan y den vida a un objeto roñoso y olvidado..Me ha encantado!!.Besos
Un abrazo, May,.... gracias por tus palabras.
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